Gilberto Fernández Castillo

ANTE EL TIEMPO TODO CEDE,

se precipita al vacío:
decir tiempo es decir río
que con sus aguas agrede.
El tiempo solo concede
migajas de claridad
y parece que a mi edad
se va apagando la vida.
El tiempo es águila herida
que agoniza de ansiedad.

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Once poetas reunidos

Prólogo de “La extraña brevedad”, selección de decimistas velasqueños hecha por el poeta Agustín Serrano Santiesteban.

Demostrar mediante un libro que un pueblo pequeño como Velasco – una vez llamado “El Granero de Cuba”- también es tierra propicia para el cultivo de la décima, es loable. Agustín Serrano ha reunido a once de sus coterráneos en estas páginas, voces distintas, pero coincidentes en varios temas, para expresar las visiones de un mundo violento y convulso, asfixiante y agónico, en el que la esperanza y el optimismo son especies en vías de extinción.
Desde el decano de la espinela velasqueña, Gilberto Cruz Rodríguez, hasta uno de los más reconocidos autores, Agustín, abren a los ojos de los lectores frustraciones y anhelos; versos en los que se pinta con paleta polícroma el paisaje, la añoranza de los días idos, o el látigo de su palabra, donde se requiere, en Miroslava Pérez Dopazo, cuyo nombre, dicen, significa “dueña del mundo”.
Rubiceida Rojas, aunque se debate en cambiantes estados de ánimo, asegura que “vale la pena haber nacido; es todo un privilegio”. Mirta Pupo ahoga su voz en la desesperanza de un planeta caótico, decadente, confuso. Miriam Peña Leyva, ante la imposibilidad de transformar el entorno, se resigna a vivir “gota a gota”, y exhorta a Betsabé: “pero gana la porfía”. Salvador Barrera irrumpe con la yerbabuena del repentismo, poesía popular de natural y sencilla fluidez de manantial campestre y aborda asuntos como el recuento vital, la elegía, la amistad.
La décima de experimentación formal, casi siempre signo de juventud, la introduce Karina Mora, y alivia los ojos que leen, no frente a la pared monótona de un decimario de estructura clásica. Ana Herminia, víctima de soledad y muerte, se afilia a lo conceptual, filosófico, reflexivo; sin embargo nos refresca con poemas donde verdea la hierba, hay palmeras, surcos, primavera, y es un oasis después del estruendo estresante de páginas anteriores. Le sigue Delia Hernández, que retorna a predios poéticos tradicionales, homenajes a héroes y amigos, sitios de geografía natural, se oye el rumor de las aguas del río, vuelan mariposas, liban abejas.
Casi al final del libro, escuchamos la “Disertación de un hombre solo en el umbral del tercer milenio”, en el que el “Desesperado cántico de un hombre que observa con tristeza la agonía del paisaje”, nos da a conocer sus “Reflexiones para protegernos de una nostalgia que aumenta con su permanencia”. Son los octosílabos excelentes de Gilberto Fernández Castillo, que enumeran, con pesimismo desolador, el acontecer cotidiano: “La vida es una agonía”, la esperanza está sitiada”, “en los brazos de la muerte”… Abundan palabras con una carga de angustia estremecedora, al constatar, según él, que los seres humanos no disponemos de más espacio temporal que “el ahora”.
Agustín Serrano cierra la colección evocando con nostalgia todos aquellos instantes vividos, que en la memoria se tornan fugaces e irrepetibles, versos que recorren con lirismo la infancia, los sueños, los amigos, la incertidumbre. Para despedirse con una invocación: “Jesús, cámbiame la historia, cédeme un puesto en la cruz”.
Después de esta visita a la décima escrita, velasqueña, con sus variados asuntos y modos de asumirlos, alienta saber que existe un pueblo pequeño, culto, en el que alejado de las grandes ciudades, la poesía abre, ubérrima, sus flores, y hay, bajo el visible fruto, una raíz vigorosa para que la emoción –sin la cual no hay poesía- incorpore una vez más a Velasco en el mapa lírico de nuestra isla.

Renael González Batista
Puerto Padre, agosto de 2013

Agustín Serrano Santiesteban

PERO SIEMPRE HAY UN NIÑO

Vuelvo a escribir un poema
en las últimas hojas del cuaderno de clases
como en los viejos tiempos de la infancia
ahora que el cabello cambia
y vacila la voz en los atardeceres
Ha llegado el otoño
y añoro la música del agua entre las piedras
los senderos que nunca he logrado olvidar
La vida es un sueño repetido
atravesado a veces por bruscas pesadillas
que urden la nostalgia entre las hojas
y asesinan recuerdos
Estas hojas que pasan no vieron mi niñez
pero siempre hay un niño viendo pasar las hojas
deshaciendo jardines y pidiendo un deseo
El tiempo vuela sobre los tejados
la inocencia de un beso susurra en mis oídos
y mis ojos dialogan con el viento
viento del otro extremo de mi voz
donde una sombra danza sus alegorías

Vuelvo a las últimas hojas del cuaderno
porque no puedo impedir el golpe de las horas
porque no consigo abandonar
el rito misterioso del pasado
Sé que otros esperan
mientras pasan los sueños
como estrellas fugaces
celebrando su huida entre las hojas
de este efímero otoño.

Karina Mora Sánchez

HERENCIA

Guillermo Tell no comprendió a su hijo
que un día se aburrió de la manzana en la cabeza.
Carlos Varela

Guillermo Tell no sabía
de genética. La brecha
del tiempo dejó una flecha
preñada de luz. La impía
manzana fue una porfía,
una terrible emboscada.
¿Por qué apuntar a la nada?
Ahora le toca al padre,
aunque el intento taladre
la cabeza equivocada.

Agustín Serrano Santiesteban

Ya sé que soy aliento fugitivo.
Quevedo

Ya sé que soy aliento fugitivo,
niebla en el hueco oscuro de la risa;
humo fugaz de un fondo de ceniza
dibujando la página que escribo.
Debo seguir tus huellas, soy cautivo;
va a pasar la nostalgia, su aguacero
desdoblando sus pasos y no quiero
partir con el gemido de las aves.
Voy a quedarme solo; pero sabes
que serás polvo como yo si muero.

Agustín Serrano Santiesteban

TODA LA AUSENCIA GRIS

Seré una sombra triste sobre el fuego,
humo, silencio, polvo desolado,
y al norte de mi cuerpo desgarrado
renacerá la infancia con su juego.
Seré toda la ausencia gris, el ruego
de rosas marchitadas que tiritan;
seré lluvia nocturna donde agitan
las aves del silencio su plumaje;
fugaz otoño, errante en el paisaje
donde las sombras de la muerte habitan.

Lee todo en: Poema TODA LA AUSENCIA GRIS, de Atin58, en Poemas del Alma http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-362895#ixzz3mGwQt7Nl

Agustín Serrano Santiesteban

FIDELIDAD A MI SOMBRA

Me acechan, voy a perderme
con mi sombra en el vacío,
la duda hace un pacto impío
con la soledad. Inerme
queda mi voz. Si quererme
nadie intenta, si han violado
mis fronteras, obstinado
debo trasponer la puerta
y dejar atrás la incierta
angustia que me ha tentado.

Huyo, mi sombra ha saltado;
se deshace en la otra orilla.
Una nostalgia amarilla
nos va pintando el tejado.
Polémico, equivocado
quizás parezca el sendero.
Voy con mi sombra, prefiero
no quedarme, serle fiel;
abandono el carrusel
de lo vivido.

Febrero
cerró sus puertas. Qué artero
golpe deja la partida.
Odio la babel suicida
del pasado, ya no espero
milagro alguno; el agüero
bíblico perdió vigencia.
Mi sombra no reverencia
su virginidad a dios;
sombra, escapemos los dos,
que nos perdonen la ausencia.