LA PAZ PERFECTA

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Te cuento que…
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron.
El rey observó y admiró todas las pinturas, personalmente hubo dos que realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura quedaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en medio de su nido… la paz perfecta.
¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué?
Porque, explicaba el rey: “Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas, permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón.
Este es el verdadero significado de la paz.

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LLENANDO EL CÁNTARO

Cuentan que una vez un hombre envió a su joven hijo a llenar un cántaro al río, y le dijo que volviera lo antes posible; el joven obedeció y fue hacia el río mientras su padre le observaba de lejos. Entonces el hombre vio a su hijo poniendo el cántaro debajo una cascada, y la fuerza del agua era tal y la cantidad tan grande que no entraba el agua al cántaro pues era de cuello delgado.
Cuando el hijo regresó con el cántaro había roto el cuello del mismo por el constante golpear y la fuerza del agua, esto además provocó que el agua llegara turbia y sucia. El padre preguntó entonces:
– ¿Por qué no simplemente sumergiste el cántaro en el río? ¿No veías que el agua de la cascada era demasiada para el cuello del cántaro?
El hijo contestó:
– Sí, pero es que quería llenarlo lo más rápido posible.
Muchas veces en nuestras vidas tratamos de “llenarnos” a nuestro tiempo en un mundo acelerado y convulsionado. Por eso logramos las cosas a medias y el agua que conseguimos no es pura ni cristalina, sino turbia. Queremos tener todo “ya” y en el proceso muchas veces nos lastimamos por no sumergirnos poco a poco en la corriente calmada del río.

Aprende a conocer tu capacidad, no quieras hacer las cosas en tu momento, y espera a llenar tu cántaro hasta el tope, pero en su momento y según tu capacidad y preparación.

EQUIVOCACIONES

El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.
No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar… Se equivoca el agua que por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna.
No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta… Se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.
No se equivoca el hombre que ensaya por distintos caminos para alcanzar sus metas… Se equivoca aquel que por temor a equivocarse no acciona.
No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo… Se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar permaneciendo en el nido.
Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan que ser hombre es buscarse a sí mismo cada día… sin encontrarse nunca plenamente.
Creo que al final del camino no te premiarán por lo que encuentres sino por aquello que hayas buscado honestamente.

FRACASAS CUANDO ELIGES NO SEGUIR PROBANDO ALTERNATIVAS.

BAILA COMO SI NADIE TE ESTUVIERA VIENDO.

Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo y después tener otro. Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos más felices cuando lo sean.
Después de eso nos frustramos porque son adolescentes (difíciles de tratar). “Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esta etapa”.

Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando nuestro(a) esposo(a) le vaya mejor, cuando tengamos un mejor carro o una mejor casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados.

La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que ahora, si no es ahora, ¿cuándo? Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlo y decidir ser felices de todas formas.

Alfred D. Souza dijo: «¡Por largo tiempo parecía para mí que la vida estaba a punto de comenzar, la vida de verdad!, pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda por pagar… Entonces la vida comenzaría. Hasta que me di cuenta que estos obstáculos eran mi vida…»

No hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino. Así que atesora cada momento que tienes y atesóralo más cuando lo compartas con alguien especial, suficientemente especial para compartir tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie.

Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que aumente tu sueldo, hasta que bajes 10 kilos, hasta que te cases, hasta que tengas hijos, hasta que tus hijos se vayan de casa, hasta el viernes, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, el verano, el otoño o el invierno, o hasta que te mueras. Para decidir que no hay mejor momento que este para ser Feliz…

EL ASTRÓNOMO

Tenía un astrónomo la costumbre de pasear todas las noches estudiando los astros. Un día que vagaba por las afueras de la ciudad, absorto en la contemplación del cielo, cayó inopinadamente en un pozo.

Estando lamentándose y dando voces, acertó a pasar
un hombre, que oyendo sus lamentos se le acercó para
saber su motivo; enterado de lo sucedido, dijo:

-¡Amigo mío! ¿quieres ver lo que hay en el cielo y
no ves lo que hay en la tierra?

Está bien mirar y conocer a nuestro alrededor, pero antes hay que saber dónde se está parado.

EL HOMBRE SABIO


Se cuenta que en el siglo pasado,un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y  un banco.

– ¿Dónde están sus muebles? preguntó el turista. Y el sabio, rápidamente, también preguntó: – Y dónde están          los suyos…?

– ¿Los míos?, se sorprendió el turista.¡Pero si  yo estoy aquí solamente de paso!

Yo también… concluyó el sabio. “La vida en la tierra es solamente temporal… sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices”.

“El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden.  Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.”

Y recuerda :

Dios no te preguntará qué modelo de auto usabas; te preguntará a cuánta gente llevaste.

Dios no te preguntará los metros cuadrados de tu casa; te preguntará cuánta gente recibiste en ella.

Dios no te preguntará la marca de la ropa en tu armario; te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse.

Dios no te preguntará cuan alto era tu sueldo; te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo.

Dios no te preguntará cuál era tu título; te preguntará si hiciste tu trabajo con  lo mejor de tu capacidad.

Dios no te preguntará cuántos amigos tenías; te preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.

Dios no te preguntará en qué vecindario vivías; te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.

Dios no te preguntará el color de tu piel; te preguntará por la pureza de tu interior.

LOS GALLOS Y LA PERDIZ

Un hombre que tenía dos gallos, compró una perdiz
doméstica y la llevo al corral junto con ellos para
alimentarla.
Pero estos la atacaban y la perseguían, y la perdiz,
pensando que lo hacían por ser de distinta especie, se
sentía humillada.
Pero días más tarde vio cómo los gallos se peleaban entre
ellos, y que cada vez que se separaban, estaban cubiertos
de sangre. Entonces se dijo a sí misma:
— Ya no me quejo de que los gallos me maltraten, pues he
visto que ni aun entre ellos mismos están en paz.
Si llegas a una comunidad donde los vecinos no viven en
paz, ten por seguro que tampoco te dejarán vivir en paz.

El águila y los gallos

Dos gallos reñían por la preferencia de las gallinas; y al fin uno puso en fuga al otro.

Resignadamente se retiró el vencido a un matorral, ocultándose allí. En cambio el vencedor orgulloso se subió a una tapia alta dándose a cantar con gran estruendo.

Mas no tardó un águila en caerle y raptarlo. Desde entonces el gallo que había perdido la riña se quedo con todo el gallinero.

A quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle quien se los arrebate.

 

 

¿Y a ti quién te prepara el paracaídas?

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Charles Plumb es un veterano de guerra norteamericano. Era piloto en la marina estadounidense y durante uno de sus vuelos, su avión fue abatido. Pudo abrir su paracaídas y fue capturado por el enemigo. Fue encarcelado como prisionero de guerra durante 6 años (de 1967 a 1973), antes de ser liberado. Unos años después se dedicó a hacer charlas y trabajar de consultor, enseñando como lo que aprendió de su cautiverio se puede aplicar a la vida cotidiana.

Un día mientras estaba comiendo en un restaurante, se le acercó una persona, y le preguntó si era Charles Plumb, el famoso prisionero de guerra. Contestó que efectivamente, y le preguntó al hombre de donde le conocía.

“Trabajaba en la marina. Yo fui quien preparó su paracaídas.”

Dicen que Charles Plumb, muy sorprendido y emocionado, demostró una enorme gratitud hacia aquel desconocido.

“Estoy vivo gracias a usted. Los pilotos nunca nos preocupamos por saber quién nos prepara el paracaídas, y sin embargo es una función vital”.

Y a ti, ¿quién te prepara el paracaídas?

En tu vida personal y profesional, aunque no estés consciente de ello, tienes paracaídas. Quizás alguno sea un contrato bien redactado, o el apoyo moral de tus familiares, quizás sean otras cosas.

Párate un momento a pensar. ¿Es posible que haya algo fundamental para ti y que no le estés dando la importancia que se merece?

LOS CIEGOS Y EL ELEFANTE

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo en la antigua India había un mercader que viajaba siempre con su elefante, que usaba tanto como medio de carga como arma para impresionar a sus enemigos.

Un día el mercader llegó a una ciudad donde solo vivían ciegos. Los habitantes desconfían de los desconocidos, y mandaron a seis jóvenes para que investigaran quién quería entrar en la ciudad. Los muchachos eran impacientes, y fueron corriendo uno tras otro para conocer al visitante.

El más rápido de los jóvenes fue el primero en llegar. Como iba corriendo, chocó contra el flanco del animal. Por el olor y el tacto notó que era un animal, pero cuando quiso medirlo, le pareció que no tenía fin. Volvió a la ciudad gritando: “¡Es un animal y a la vez es un muro!”.

El segundo en llegar se encontró con la trompa del elefante. El animal resopló y tras tocarlo un poquito, el muchacho regresó anunciando a todos que era una serpiente gigantesca.

El tercero de los chicos ciegos se topó con un colmillo. Sintió el marfil frío y afilado, y cuando volvió al pueblo de los ciegos contaba a todos que el animal era como una lanza.

El siguiente muchacho descubrió una de las patas traseras. Mientras la rodeaba con los brazos, el elefante, molesto, levantó su pierna para liberarse. El joven se apresuró por regresar y explicó a los demás que el animal era como el tronco de un árbol enorme, fuerte pero a la vez móvil.

El quinto explorador agarró al elefante por la cola, y se sorprendió de que sus compañeros se hubieran alborotado por tan poco. Es solo una vieja cuerda desgastada, contó a quien quería escucharle.

El último muchacho ciego alcanzó al animal cerca de la oreja. Sintió como los movimientos del elefante desplazaban grandes cantidades de aire. Persuadido de haber descubierto un animal parecido a un abanico gigante, volvió a la ciudad a compartir su versión.

Tras los chicos había salido un hombre mayor y experimentado. Encontró a los jóvenes cuando volvían excitados por sus descubrimientos. Llegó cerca del elefante, y tranquilamente le rodeó, tocándole por todos lados. Cuando hubo examinado completamente el animal, regresó lentamente a la ciudad, riéndose de las prisas de la juventud al tiempo que recordaba como el mismo había sido igual de impetuoso cuando era más joven.

Pero se rió aún más cuando regresó a la ciudad. Cada uno de los jóvenes había convencido parte de la población.

    Es un muro, decían unos.

    No, es una serpiente, respondían otros.

    Estáis equivocados, es una lanza, replicaban por otro lado.

    ¡Es un tronco!

    ¡Una vieja cuerda!

    ¡Un abanico!

El anciano no paraba de reírse al darse cuenta que, según parecía, él era el único que no sabía qué era el elefante.

Moraleja

Tómate el tiempo necesario para tener una visión completa de las cosas. Si por las prisas analizas solo una parte, tienes todas las papeletas para tomar decisiones equivocadas basadas en un diagnóstico equivocado.

Hazte tu propia opinión por experiencia personal. En el cuento, es mucho peor la postura de los seguidores de cada uno de los chicos ciegos que la que han tomado los muchachos. Aunque hayan errado en sus diagnósticos, los jóvenes al menos se han molestado en ir a averiguar. Los demás se han formado una opinión sin siquiera contrastarlo, a pesar de que hayan seis versiones distintas, todas basadas en la experiencia.