Agustín Labrada Aguilera

PRIMER POEMA DEL VIAJE

Errar en los códigos
que atravesaste soñando como ángel,
no justifica tu piedad por los años baldíos.

¿Cuántas veces al pie de la frontera
se hizo tu piel el doble que te habita?
Aquel deseo fue eclipsándose,
traicionado y traidor —como mal mercader—
que sólo obtuvo pérdidas y un hilo de misterio.

Andar por la llanura desolada
es una endurecida libertad,
y aunque no arribes a la entrada del templo,
vive la plenitud
que al levantarte ofrecen estos amaneceres.

No se deslizan tus pecados al fondo,
la salvación vuelve con la memoria
de los que morirán en tu recuerdo;
pero no reconozcas al marcharte
cuánto pudiste hacer y quedaste en lo oscuro,
pero no reconozcas haber perdido
si el paisaje no está vedado ante tus ojos.

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Orestes González Garayalde

Hermano, ojalá esta sea una de las formas de hacerte volver.

POEMA TRISTE

Amigos, si no vuelvo,

yo que soy así,

yo que corro el riesgo de no volver

por morir de mi hora,

siempre he sido un pobre ser encadenado

a la muerte, yo no recuerdo

un tiempo de ángel

en que fuera dueño, no fui dueño,

ni tengo paz,

soy hombre oscuro,

tengo el hambre que no sacian las constelaciones,

no conozco la piedra,

nunca vieron estos ojos una residencia,

me voy tan lejos,

me vuelvo una madera en Tokio,

en senegal,

un insecto en la noche anillada de saturno:

por eso, si no vuelvo,

háganme volver de alguna forma

a la luz sin color de los recuerdos.

Alexander Besú

Tomado de su página de facebook.

LEYENDA DE CÓMO HEREDÉ EL SILENCIO

“Desisto de seguir hablando, el mundo no es más que ilusión”.
François Villon

Entre jarabes y santiguaciones
se silenciaron todos mis ancestros.
Y sus mutismos suenan tan siniestros
como esas deplorables expresiones
que en imprecisas desambiguaciones
y otros rugidos prometieron que
seríamos colonos de la fe.
Esto es lo malo del ilusionismo:
unas veces me embriago de idealismo,
otras de ofuscación y LSD.

Un inseminador de tiempos duros
dijo que somos indios atenuados,
que no sabemos nada de pasados,
y mucho menos algo de futuros.
¿Cómo diferenciar puros e impuros,
o distinguir quietudes y borrascas?
¿Cómo sortear malignas hojarascas
o imperativos torpes y grotescos,
si ahora Capuletos y Montescos
chocan sus copas en las mismas tascas?

¿Me oculto tras el símbolo honorífico
de mi sortija fúlgida y masónica,
o arrojo mi parábola antagónica
como un megalodón seudopacífico?
Hacerlo no es prudente, no es científico,
no es ni siquiera una reacción escéptica.
Hacerlo es una broma cataléptica,
es una aberración, algo antimágico.
Quizá vivir es demasiado trágico,
pero la muerte es demasiado séptica.

¿Debo olvidar al loco que predica
su apología de la cruz gamada,
al líder yonqui y su fanaticada,
o al ex cleptómano que se vindica?
¿Quién les oye llorar? ¿Quién amplifica
la fe sobre esos pobres especímenes,
esos que martirizan muslos, hímenes…,
los que apuñalan a su propia sombra,
los que ocultan debajo de la alfombra
polvo de huesos de olvidados crímenes?

¿Opto por esta iglesia, (ayer y hoy
Católica, Apostólica y Romana),
o por la sugestiva y victoriana
hipnosis del moravo Sigmund Freud?
Soy algo difidente, y si no soy
más difidente es por mi esencia anémica.
Sé que mi formación no es académica,
que no soy plusvalía ni descarte,
que la desilusión, en esta parte
de América insular, se ha vuelto endémica.

Pero tampoco admiro a los infieles
que nunca reconocen su contexto,
y esperan que Jesús les mande un texto
al móvil mientras duermen en burdeles.
A éstos les faltan gamas y pixeles.
Tal vez les falta configuración.
Pero no olvidan esta dirección,
-ni en sus periodos tensos y lacónicos-,
adonde envían ruegos electrónicos:
cielo@mesías punto com

Ya ni el laxo concierto de Aranjuez
apacigua estos tiempos tan voraces,
tampoco musitar los eficaces
versículos del Salmo 23.
Si elevo mi mentón como un bauprés
responden los gruñidos más feroces.
Tendremos que archivar todas las voces
en discos de acetato de vinilo,
y solo hablar, con el mayor sigilo,
con los espíritus y con los dioses.

¿Cómo es que aún suena este danzón caduco
hecho de edulcorados estribillos?
Prometen no mostrarme los colmillos
si yo les muestro un pensamiento eunuco.
Yo me pregunto en qué consiste el truco,
por qué me apuntan con sus ojos graves.
Yo tengo que callar usando claves
y charadas y signos ambidiestros.
Así callaron todos mis ancestros:
entre santiguaciones y jarabes.

Cesar Vallejo

Los Heraldos Negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos, pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos
         quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos,
         como
cuando por sobre el hombro nos llama una
         palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la
         mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

Ana Carranza

Espejo retrovisor

Y perdóname si veo otros ojos, otra sonrisa, es que no lo puedo evitar. Si muero por verte a ti, pero la distancia no sabe colaborar.

Y perdóname si le sonreí y por un momento te olvidé. Empañó mi espejo retrovisor y quiso llevarse mi corazón.

Glosa que espera, de Nuris Quintero

Tomado de: https://premiosala.blogspot.com/2018/11/premio-ala-decima-xviii-concurso-regino.html

Glosa que espera

El alma trémula y sola
padece al anochecer
hay baile, vamos a ver
la bailarina española.
José Martí

En el deambular agudo
de la sonrisa que pesa
un ángel en la cabeza
me tiene el cuerpo desnudo.
Al ruedo del estornudo
este azul arrastra ola.
Por gaviota y caracola
con agua salada voy
al mar abierto. Yo soy
el alma trémula y sola.

Se me dobla la verdad
en la esquina que me tumbo
mientras empato otro rumbo
que jura felicidad.
Junto a tanta soledad
espero el amanecer,
tengo el sueño sin hacer
en medio del torbellino
y Dios sabe que el camino
padece al anochecer.

Ajena al mundo, al bullicio
fuera de tiempo trabajo
como quien cuelga de un gajo
sobrevivo al maleficio.
Le amo hasta el sacrificio
de la virgen en mujer
y me niego ante el placer
de las manos cuando invitan
a la copa. Y hasta gritan:
hay baile, vamos a ver.

A un siglo de lo posible
combate mi sagitario
y la voz del campanario
se va haciendo más legible.
Al parecer lo tangible
lleva presagio de estola.
Yo en la cama, y en la consola
para hilvanar la distancia
me regala su constancia
la bailarina española.

Fina García Marruz

Comparto un bello soneto de Fina García.

índice

 

Una cara, un rumor, un fiel instante…

Una cara, un rumor, un fiel instante
ensordecen de pronto lo que miro
y por primera vez entonces vivo
el tiempo que ha quedado ya distante.

Es como un lento y perezoso amante
que siempre llega tarde el tiempo mío,
y por lluvia o dorado y suave hastío
suma nocturnos lilas deslumbrantes.

Y me devuelve una mansión callada,
parejas de suavísimos danzantes,
los dedos artesanos del abismo.

Y me contemplo ciega y extasiada
a la mágica luz interrogante
de un sonido que es otro y que es el mismo.

 

Mariana Pérez, ganadora del X concurso de glosas Indio Naborí

Tomado de: http://www.trabajadores.cu/20180930/en-el-dia-de-la-decima-tributo-a-nabori/

Compartimos la glosa ganadora de la amiga Mariana Pérez y aprovechamos para felicitarla por sus logros literarios.

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CLAROSCURO DEL AMOR DISTANTE

En un amor que quiere ser claro como el día
jamás habrá distancia ni abismo de imposible:
para unir nuestras almas hay un puente invisible
que borra el espejismo de toda lejanía.
                  Jesús Orta Ruiz (Indio Naborí)

El espacio que expandes tiene oscuro cintillo
y una distancia alerta nos diluye en fracaso.
Si el tiempo vuelve hollín banderines de raso
¿qué salvación tendremos cuando se opaque el brillo?
Tal vez mi amor penetre un distante portillo
o por tránsito insomne se escape en fantasía
de perlas que se pierden bajo la arena fría.
La jornada en mi cuenco tiene sed, nos demora,
pero un amor oscuro acaba donde llora:
en un amor que quiere ser claro como el día.

La tímida secuela que guarda mi café
dejó un rastro de pulsos en tu mano extendida,
yo estaba sonriente, lozana, presumida,
y al perforar tu aliento me inculcaste la fe.
Remotos, mi letargo de concurrencia ve
la torpe cerradura de una isla inasible.
Tu amor es al futuro como ente invisible
que atrapa mi certeza o te corona lejos,
y, aunque sigas perdido en cursores perplejos,
jamás habrá distancia ni abismo de imposible.

Hoy somos habitantes de un abandono largo
que arrastra soledad. Él suplica, revuela
sobre lecho inseguro, nuestros sueños congela
y después los divide. Un tiempo de letargo,
de ripios, agoniza: el futuro es amargo.
Mas la distancia tiene un caudal presumible
que lentifica dudas, desecha lo inservible,
levanta con acero la raíz, el apoyo…
y en su monte de angustias —principio del arroyo—
para unir nuestras almas hay un puente invisible.

Ignoro lo que sientes: en tu palabra escueta
discurren los afanes y el misterio se agranda.
Por tus renglones llanos parte una letra blanda
y un ánimo inconforme que mi aire no interpreta.
Todo es lejano y triste. Contemplo una ruleta
donde gira lo oculto, y mi alma desconfía.
Pero al tránsito agónico le crece melodía
y vuelve la distancia a encender vibraciones:
claroscuro travieso en las permutaciones
que borra el espejismo de toda lejanía.

Un poema de Alejandra Lara

Por si vuelves a verla

Nunca dijiste que sería fácil
pero olvidaste mencionar
eso
de que el peligro se ajusta a tu espalda
como un par de alas,
y no puedo evitar reirme,
al tocar el papel en mi bolsillo
con tu número tatuado,
aún lo guardo,
aún te guardo,
junto a la marca de pintalabios rosa
que ni el tiempo ha podido borrar,
y es septiembre,
alguien llora,
pero ambos sabemos que no eres tú,
el frío es un  punto de vista decías,
la distancia,
otra forma de encontrarse,
luego te morderías el labio
y dirías que llegabas tarde,
que tenías que irte
te preguntaba con quién
respondías que sola,
por eso de
no perder las manías.

Me acostumbre a tus pasos alejándose,
al sonido de tus zapatillas
resbalando por encima de los charcos,
tan tuya,
en  medio de todo,
y pensé que a pesar de las cicatrices que tapabas
habías aprendido a volar.

Esta vez,
después de todo,
soy yo quien tiene que irse,
porque yo no sé levantar el vuelo,
y los pájaros solitarios,
nunca han sido de mirar hacia abajo,
te dejo con tu cielo,
y con la idea
de que si un día entre los tuyos
con tus pájaros
habláis de los de abajo,
recuerdes que uno, aún te quiere.

Alejandra Lara

Presentación del cuaderno Viajar, viajarse de Graciela Susana Puente Iglesias

Compartimos con las amigas y amigos del blog la presentación  del cuaderno Viajar, viajarse  de Graciela Susana Puente Iglesias que realizara nuestra buena amiga Silvia Claudia Rivas

Graciela Susana Puente firmando ejemplares de Viajar, viajarse 1

Graciela Susana Puente firmando ejemplares de VIAJAR, VIAJARSE.

 

VIAJAR, VIAJARSE

Autora: Graciela Susana Puente Iglesias

Editorial: Botella al mar. C.A.B.A.    Año: 2017

Análisis y selección de textos: Silvia Claudia Rivas

Dice Luisa Valenzuela en su comentario de  contratapa de Viajar, viajarse, que “si somos verdaderos viajeros y no simples turistas, todo viaje resulta una forma de exploración. Y de exploración interior. Al viajar nos abrimos al otro y en el otro a alguna zona desconocida de nuestra propia alma”. Efectivamente, un viaje siempre es una búsqueda, consciente o no, de experiencias innovadoras, que nos revela otra forma de ser y de estar en el mundo; que nos libera y nos deja llegar hasta las esencias, hasta lo primordial  de nuestro espíritu. De este tránsito  como proceso reflexivo y humanizante  da cuenta Viajar, viajarse de Graciela Susana Puente Iglesias.

Se nos propone un recorrido en el que los paisajes no son meras postales turísticas inmovilizadas en un portarretrato, sino todo lo contrario y que Graciela nos invita a recrear y reinventar con la complicidad de sabores, colores, aromas y texturas, guiados minuciosamente  por  nuestros sentidos. Cito: “Deposito mi secreto en tu ser, porque te conozco y sé, sin ninguna duda, que me comprenderás./Estoy frente a tus ojos. Ya no es posible diferenciarme/frente a tu mirada porque fluimos”. Y es a partir de esta complicidad, que se nos abre un panorama donde las sensaciones fluyen y se multiplican, y en cada flujo, nos aliviana el peso de las valijas y nos llama a volar en su propio vuelo. En este acontecer, el mundo se expande como una paleta de colores,  siempre en tránsito hacia una nueva revelación: Cito: “Probaré con un color más alegre, me parece, así no me preocuparé y trataré de salir, salirme”. Se trata de una travesía que no podrá rastrearse con radares ni sistemas satelitales, porque reinventa las rutas de los mapas, y se construye en la dimensión del sueño, porque “el sueño es también un viaje, con senderos que nos viven”, dice la autora.

Acompañando este “salirse” hacia las esencias, están Germán, María Julia y Sebastián, que potencian cada instante de descubrimiento compartido, y lo plasman en experiencias que trascienden la anécdota: hay reflexión, sorpresa, humor, donde el trayecto, a la vez que incorpora paisajes y sentires de otros, profundiza la mirada sobre los propios: Cito:“sin darnos cuenta y después (¿después?) de hablar con la mismidad, comenzamos a escuchar algo que, por alguna alquimia, nos lleva a interesarnos. Tal vez porque se trata de un trozo de vida que nos atrae o interesa. Al prestar oídos, participamos y pueden surgir convergencias, o así  nos parece…” Esta diversidad de impresiones, justifica las distintas formas discursivas que advertimos en la obra: prosa poética; tramas dialogales; poesía; narraciones. Las formas dialogales y narrativas predominan en las experiencias anecdóticas y compartidas; la prosa poética y la poesía expresan el estado de éxtasis espiritual y situaciones reflexivas de la poeta.

Este salirse  nos traslada a una multiplicidad de ciudades, climas y culturas donde el disfrute y la entrega son permanentes, y la realidad, aunque parezca un sueño,  no lo es: se vive con plenitud: es ese “viajarse” para descubrir, y descubrirse; un estado de revelación que se regenera con cada experiencia: Cito:“Nos sentamos en el Café de la Paix, para degustar el sueño real. Cada uno tomó algo sin poder creer en el protagonismo de la vivencia. Así me lo decían, con ojos muy abiertos. Compartíamos una visión que no se inventaba: era.”  Es un peregrinaje que converge con lo esencial de nuestra alma, que es común a todo ser humano y que por eso, es también el alma del mundo: Cito:“Ascendí evocando la “Subida al Monte Carmelo”. Imaginé que estaba rodeada por ángeles y mis oídos eran visitados por un rumor de alas”. Alcanzar esta plenitud, este éxtasis vivencial, nos hace libres. Y es esa libertad la que nos predispone a la recepción y a la entrega, en un intercambio que se potencia, que nos mantiene en un estado de ensoñación. Y nos lleva a “interrogar al cielo”, de la mano, (y la cámara filmadora) de Sebastián, y lo que podría resultar una anécdota, se convierte en una pregunta trascendental, propia del pensamiento filosófico: “Esto le gustará a Dios?”, pregunta el niño, luego de ver a la multitud exaltada frente al Papa, en la Piazza San Pietro del Vaticano. Efectivamente, y en palabras de Henry Miller, “nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”.

Y como ocurre durante las grandes travesías, en este “Viajar, viajarse”, está el humor, insustituible  en cualquier equipaje: Palomas en los hombros y en la cabeza de una mujer en Piazza San Marcos, y el comentario categórico de nuestro “reportero gráfico”: “Molti colombi, molti cagandi”, o las risas en el hotel de Madrid, cuando la madre pensó que le habían robado sus cosas, pero en realidad no sabía usar la clave para abrir la valija.  Humor, sorpresa, reflexión:  Graciela Puente nos convoca a un viaje hacia el fondo del alma, que se reconoce reflejada en sus semejantes, y la libera hacia nuevas trayectorias, en las que el espíritu logra transformar las fronteras de su propio entendimiento en nuevas travesías y experiencias, haciendo de ellas una forma de indagación existencial permanente: Cito: “Irse/dejándose llevar por los itinerarios/que se ofrecen/dibujando las pieles,/travesía entre cielos./Un posible ser siendo/en costados del espacio./Una voz que decide/que acontece:/viajarse”. La poeta comparte una experiencia vivencial cuya magnitud la hace parte de cada paisaje, porque el posible ser siendo que la habita, se sumerge en los lugares que afloran pero, fundamentalmente, en los espacios menos visibles, los que sólo se ven con el corazón, como nos recuerda Antonie de Saint Exupery, porque “lo esencial es invisible a los ojos”.

Sólo de esta manera,  es posible recorrer las Calles de Jaipur, y descubrir tanta eternidad de encarnaciones/que ofrecen flores y comida a sus dioses”, o estar en el Ganges y ser el río/por esa espera de ser delta en el extremo. Los paisajes son refundados por una mirada, que se lanza, en palabras de la autora, a preguntar lugares, y llega donde las nubes remueven apariencias/para dimensionar los gestos y otredades/de los que fueron mimbres entre juncos”. Y al atravesar la superficie de la primera observación, fluyen lo que la poeta denomina costados del espacio, como revelación para decir otra manera de los labios/en la tierra, y también como una conjunción con la propia travesía, porque como afirma Buda, “no puedes transitar el camino hasta haberte convertido tú mismo en la senda”: de esa  identidad con los otros paisajes y seres del mundo, da cuenta Graciela Puente en este poemario, mediante el uso de personificaciones donde cada palabra reafirma la comunión de su espíritu con el lugar: Cito: Dejándome llevar por dónde y cómo/voy siendo por caminos/y calles que acontecen/entre umbrales de inconsciencia./Me quedo en transcripciones/de espacio y vez entera./Me permanecen pliegues/y bordes/de otro ser,/que no conozco.

Carlos Fuentes ha escrito que “el viaje es el movimiento original de la literatura”, y sin duda, un viaje, al igual que la escritura, es una búsqueda hacia afuera y hacia adentro: hacia afuera,  implica la exploración de nuevos espacios, y de distintas formas de comprender la realidad; hacia adentro, es una introspección que se lanza al descubrimiento (o redescubrimiento) de nuestros seres posibles, latentes en el subconsciente, que por cuestiones conocidas o no, no terminan de hacerse visibles, pero que afloran en toda su plenitud durante el viajarse que nos propone la autora.: Cito:“Celebro pertenencias de la sangre/y siento un crecimiento germinado. /Una razón atravesada por la ausencia”. Y entonces, podemos  Dejar que sea: Cito: “Oscilan residencias en la niebla./Crecen penínsulas de azogue en precipicio./Crecen idiomas superpuestos con banderas./Llega el descanso./ Delicadeza de la vida/que dibuja./Y juega al ajedrez,/de lo posible.”

Explica Borges en la introducción a Atlas, que “no hay un solo hombre que no sea descubridor”, y ello explica que encontremos literatura sobre viajes en todas las épocas de la historia: desde la mítica Odisea, pasando por los viajes de Marco Polo, los cronistas de Indias, los escritos de Darwin, las novelas de Joseph Conrad, hasta el  relato del náufrago de García Márquez o el mencionado Atlas de Borges: quienes se han internado en los laberintos del mundo, han dejado testimonio de sus vivencias: para informar, para denunciar o para reivindicarse. Y han compartido  estos procesos  valiéndose de la palabra escrita.

Y como cierre de este análisis, daré mi reflexión personal, ya anticipada durante el desarrollo, y leeré dos textos.   Graciela Puente nos propone despojarnos de fronteras y de miradas superficiales, para penetrar en los lugares inexplorados de paisajes tanto geográficos como humanos, y a la vez, alcanzar las profundidades del propio ser, en un viaje conjunto con nuestros semejantes. Una experiencia donde la aventura confluye con la mirada filosófica, revelándonos que todos somos transeúntes efímeros sobre la tierra, pero tenemos la oportunidad de mejorar el recorrido propio tanto como el de los otros, porque la experiencia de viajar, viajarse nos muestra como seres más libres, solidarios y pertenecientes al mismo género vulnerable y fascinantemente humano. Se trata, como refiere Matsuo Basho, en su diario de viajes: “seguir los pasos de los antiguos, no de repetir lo que ellos hicieron’, y avanzar hacia un estado de plenitud, donde cuerpo y espíritu sean uno con la naturaleza y nuestros semejantes: Cito:“imágenes que suben por los brazos/hasta trepar por las sonrisas./En los costados hay espacio,/una excedencia que crece/y que se aloja entre los ojos./Respiro/y cada calle es un reencuentro;/y las conozco/y tiemblo, tiemblo/en la manera del camino, /ese cruzar el aire/y ser lugares”.

 

 

PROSA POÉTICA

Nacía de ella

                                    Eduardo Galeano

ANTIACUMULACIÓN

Cuando las valijas no permiten que las cierren, algo ocurre. No es un capricho. ¿Acumular?¿Puede ser un sustituto de soñar? Las manos nunca están vacías. No sé bien si me refiero a las manos…

 

 

 

POESÍA

 

JARDÍN BOTÁNICO

Puede la sonrisa con silencio de follaje

pulir rigores tempestuosos

siendo pausa.

Es cuando los monólogos acechan

a los que pasan descubriendo que aún existen.

 

Graciela Puente, la autora, junto a Silvia Rivas, encargada del análisis y selección de textos 1

Graciela Puente, la autora, junto a Silvia Rivas, encargada del análisis y selección de textos.

Graciela Susana Puente. Nacida en la provincia de Buenos Aires (República Argentina) en 1949. Doctora en Letras. Ex Decana de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Morón. Profesora titular del ISFD Nª 45, Haedo, Provincia de Buenos Aires.

Ha publicado más de treinta libros: poesía, ensayo y teatro. Alguno de sus poemarios: Legado de Venecia, De calle y siempre, Almharad, Amalgama, In-valida, Desde las manos, Ocurrencia, Veces, Caída de nenúfares, Vaivén-Eros (con Ramón Canalis), Breve Saga necesaria, Habanía I y II.

En 2006 publicó su ensayo: Miguel Hernández Poética Taurina (Botella al Mar, Buenos Aires). Ha recibido entre otras distinciones: Faja de Honor Almafuerte (SADE Oeste Bonaerense); Premio Noemí Vergarade Bietti (Gente de Letras); Premio Jorge D. Thevenin (Municipalidad de Morón); Corona del Eistedfood (Pcia. de Chubut); Premio Ensayo (Pcia. de San Luis); Academia de Letras (Puerto Rico) Dictó numerosos cursos en el exterior.

 

Silvia Claudia Rivas nació en la ciudad de Ituzaingó, Buenos Aires, Rca. Argentina, el 7 de setiembre 1962. Es poeta y docente. Los temas que predominan en sus trabajos son la historia y mitología de su país y de Latinoamérica.  Sus textos han sido publicados en revistas, blogs y antologías de Argentina, Chile, Colombia, Cuba, México, República Dominicana y España.

Obra poética: Oíd Mortales –poemas documentados–; Atlas poético; Bajo los cuervos -una América contada por sus dioses-; Biblia profana; Continuidad de Judas; Civilizaciones.

Premios Nacionales: Primer Premio CEFINI (2009); Segundo Premio Certamen Municipal Nuestros Vecinos Escritores (2010); Segundo Premio 32° Certamen Internacional de Poesía Plaza de los Poetas José Pedroni (2013); mención de honor en Premio Certamen Internacional de Poesía Hespérides (2015).

Premios Internacionales: Segundo Premio en el XI Concurso Bonaventuriano de Poesía y Cuento (Cali, Colombia; 2015); Primer Premio en el Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet (España, 2017); Mención especial en el VIII Certamen Internacional de Poesía Fantástica miNatura (España, 2016). También ha obtenido el primer premio en certámenes organizados por las siguientes webs: Letras Como Espada; El Muro del Escritor y Mundo Escritura (España).

https://palindramo.wordpress.com/

http://desordenenlacasa.blogspot.com.ar/